"Vengan a mí todos los que están agobiados, y yo les daré reposo".

CORTESIA DE: Ana Rodriguez Soto - Florida Catholic newspaper

MIAMI | Cuando encargó el mural para el interior de la cúpula de la iglesia San Juan Bosco, Mons. Emilio Vallina explicó que tenía un pasaje bíblico en mente. “Vengan a mí todos los que están agobiados, y yo les daré reposo”.


La imagen de un Cristo moderno, con los brazos ampliamente abiertos y rodeado por rostros de todas las razas y colores, caracteriza de manera muy apropiada los 61 años de sacerdocio de este exiliado cubano que, de manera callada pero persistente, transformó “un viejo local donde se vendían carros, sucio y lleno de aserrín”, en la iglesia madre de sus compañeros de exilio, y en un lugar de refugio para las masas pobres y hacinadas de América Central y del Sur que les siguieron en el barrio.


Mons. Vallina, párroco durante 43 años de la iglesia San Juan Bosco, de La Pequeña Habana, falleció el 19 de octubre a la edad de 87 años. 


Su rostro y su ministerio eran tan reconocibles como amados entre los cubanos de Miami como el de su compañero de exilio, Mons. Agustín Román. En 2008 , el tramo de West Flagler Street donde se encuentra la iglesia, entre las avenidas 13 y 14, fue rebautizado en su honor.


Expulsado de Cuba, el P. Vallina llegó a Miami en 8 de julio de 1961 y empezó a celebrar misa en la iglesia Gesu, en el centro de la ciudad, y luego pasó 21 meses en Little Flower, en Coral Gables. En mayo de 1963, recibió una llamada del primer arzobispo de Miami, Coleman F. Carroll , a quien describió como “un hombre de Dios y padre de los cubanos”.


El obispo Carroll le dijo que se haría cargo de una nueva parroquia al día siguiente, una parroquia que había sido fundada en octubre de 1962 en un área donde se habían venido estableciendo las sucesivas oleadas de exiliados cubanos: la zona que más tarde se convirtió en la Pequeña Habana.


“Puesto que las órdenes son para obedecerlas, no para discutirlas, tomé los libros de registro, mi cáliz y la patena y algunos adornos, y allí me fui”, dijo Mons. Vallina a La Voz.


Comenzó a celebrar la misa dominical en el cine Tívoli, en West Flagler Street y la Séptima Avenida, mientras que empleaba los días de entre semana en ir de puerta en puerta para tratar de crear una comunidad. Después de seis meses de hacer eso, recibió otra llamada telefónica del obispo Carroll

“Necesito verlo a las 12:30 p.m. en la esquina de Flagler y la Avenida 13”, recordó Mons. Vallina. “Cuando llegué allí, me entregó unas llaves y me dijo: ‘Su casa’”.


“Era un viejo lugar donde se vendían autos, sucio, lleno de aserrín. Empezamos por limpiar toda la grasa de los pisos y aceptábamos todo lo que la gente donara. Así es cómo comenzó la parroquia San Juan Bosco”, recordó Mons. Vallina.


El nombre fue elegido debido a la devoción de los cubanos por este santo.


En las décadas que siguieron, San Juan Bosco ha acogido a varias oleadas de exiliados cubanos, así como a refugiados de Nicaragua, Honduras, El Salvador y otros países de América Central y del Sur.


Con el apoyo financiero del Hospital Mercy y de la Orden Cubana de Malta, Mons. Vallina abrió una clínica gratuita para los inmigrantes pobres e indocumentados, que, de otra manera, no tienen acceso a los servicios de salud. (La Clínica San Juan Bosco se encuentra actualmente en los terrenos de la parroquia Corpus Christi, de Miami. )


Mons. Vallina también abrió un programa en horario extraescolar para cuidar a los hijos de padres que trabajan en la zona. En la actualidad se conoce como el Centro de Aprendizaje de Liderazgo de San Juan Bosco, y proporciona ayuda con las tareas escolares, tutoría y clases de ampliación de conocimientos a 132 niños de bajos ingresos, en los grados que van del Kindergarten al 8º.


En 1986 , Mons. Vallina comenzó la recaudación de fondos para la construcción de una nueva iglesia, que por fin fue inaugurada en 2001. Su toque final fue el mural del Cristo de los Inmigrantes, pintado por el artista venezolano Abdón José Romero y su esposa, Sonia, usando la técnica clásica del fresco, para asegurar su supervivencia durante siglos.


Mons. Vallina dijo que esperaba que la pintura “captara el dolor y la esperanza de todos los que han pasado por la parroquia”

Cortesia de Radio Marti

1349 W. Flagler St. Miami, FL 33135

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