Querida familia;

 

Hoy, vamos a asistir a un milagro prodigioso: unos atemorizados e ignorantes pescadores se convierten, por inspiración del Espíritu Santo, en eficaces misioneros. Pedro lanza una predicación con una fuerza y autoridad inusitadas. E inicia, con ello, la misión permanente de la Iglesia: llevar la Palabra de Dios hasta los confines del mundo.

 

Con Pentecostés terminamos un largo camino que hemos recorrido juntos, Hemos vivido con emoción la Cuaresma, el Triduo Pascual, la Pascua, la Ascensión… y este acontecimiento mundial de la pandemia— debemos estar dispuestos a llevar la enseñanza vivida en esos días santos –la Palabra de Dios— hasta los confines de la tierra.

 

Hoy deberíamos sorprendernos tanto como los apóstoles y discípulos de ese Espíritu que llega a cada uno de nosotros. Ya no estamos solos, el Espíritu de Jesús vive y actúa en cada hombre. Esto ha de movernos a llevar, sin miedo, el mensaje allí donde nos encontremos.

 

Somos miembros de un único Cuerpo, bautizados en un mismo Espíritu y cada uno tendrá que responder de su tarea.. Pentecostés no es una cosa de ayer. Tenemos cada uno que vivir nuestro Pentecostés.

 

La secuencia es un texto litúrgico antiquísimo. La Iglesia lo ha guardado como definición de la obra y presencia del Espíritu Santo y es pieza muy importante de esta Misa de Pentecostés. Abramos nuestra alma de par en par para escuchar este himno, uno de los más bellos de la liturgia católica.

 

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones espléndido;

luz que penetra las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre,

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado,

cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas,

infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos;

por tu bondad y tu gracia,

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno

 

Hoy Jesús en nuestro corazón. Vamos a dejarle entrar; Él nos trae el amor, la paz, la fortaleza, la luz, la compañía... Y nos ofrece para siempre el Espírito.

 

Feliz Domingo!

P. Yader Centeno

Fr. Yader Francisco Centeno Jerez
Pastor
st. john bosco
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Phone: (305) 649 5464

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